Rosario Murillo al ataque: opositores “dejaron de ser seres humanos”
Un particularmente amargo discurso de odio pronunció la codictadora apenas horas después de que las naciones del continente aceptaran coordinar acciones conjuntas contra su régimen.
La codictadora sandinista, Rosario Murillo, junto a su esposo en un acto partidario.
- Medios Oficialistas
La codictadora sandinista Rosario Murillo explotó en una diatriba colmada de insultos en contra de opositores a su régimen, a quienes señaló de ser “solamente espantapájaros, ávidos de los mendrugos que esperan les receten sus amos” durante su discurso habitual del miércoles, 19 de agosto, transmitido por el aparato de propaganda sandinista.
“Hay quienes no tienen patria, hay quienes no pertenecen, hay quienes no representan ninguna incidencia en la vida cotidiana de los nicaragüenses; cartuchos quemados haciendo el ridículo cuando a falta de legitimidad, íngrimos y solos“, abrió su discurso Murillo.
Los opositores, caracterizó Murillo, “se creen héroes, cuando realmente son espantapájaros sin ton ni son“. El mensaje de odio de la codictadora llega apenas horas después de que el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) votase a favor de convocar una reunión urgente de ministros de relaciones exteriores para encarar la crisis en Nicaragua.
La reunión, a tener lugar “lo más pronto posible”, abordará acciones colectivas para presionar al régimen en reacción al anuncio de Daniel Ortega, dictador y esposo de Murillo, del 19 de julio, cuando proclamó que en el país “no volverá a haber elecciones” para que la oposición no pueda volver al poder.
Para consolidar el desmantelamiento de las elecciones, Murillo puso en marcha un plan de reforma estruactural a través de la Asamblea Nacional, controlada por el sandinismo, y un “proceso de consultas” con distintos sectores, también sometidos por la dictadura, en un intento de legitimar al régimen.
En su discurso, Murillo no mencionó a la organización, ni hizo referencia alguna a la decisión tomada que afectará directamente al país que su régimen gobierna. Optó, por su parte, atacar, injuriar, calumniar y deshumanizar a la oposición.
Opositores “ya no son seres humanos”
“Sabemos, porque hay patria, quiénes son los delincuentes y traficantes de honra, quiénes son los mentecatos, quiénes son los malhechores y truhanes, quiénes son los míseros asalariados; y, ¿qué debemos nosotros, como patriotas, hacer? Primero: ignorarlos, porque no son nadie“, proclamó sobre la oposición a su régimen.
Sin embargo, y de forma contradictoria, llamó a “exhibirlos como los ridículos, foragidos que a falta de valentía y de voz propia, conforman legiones de mentirosos en lo que llaman redes sociales, que son redes donde se despliegan las vanidades, las voracidades, los egoísmos, las maldades“.
Sus rivales, dijo Murillo, componen “legiones de mentirosos, y legiones es mucho decir; migajas de mentirosos, mercenarios, traidores y cobardes que se exhiben, les encanta exhibirse, en una teatralidad, y otra vez uso la palabra: ridícula“.
También aludió a “una corte, una especie de corte, cómica o tragicómica, rindiendo las pleitesías que ellos se imaginan traerán más migajas, más mendrugo para seguirse peleando en las jaurías hambrientas que son“.
Murillo los tildó de “servidumbre no tiene ni quien le escriba, ni quien la sustente y, por supuesto, tampoco tiene quien las respete; jaurías y jaurías, ladran y ladran, de mentiras a mentiras“.
“Hay quienes mienten y mienten, y se ven atrapados en sus propias mentiras“, reiteró Murillo, y continuó sus asuntos declarando “¡muerte al somocismo! El somocismo no existe en estas tierras bendecidas con tanto amor, tanta fe, tanta gracia de Dios; no existe“.
Finalmente, insistió en que los opositores sólo podrían ser redimidos de su “miseria espiritual” por medio de intervención divina. “Sólo Dios puede sacarlos de esa miseria y redimirlos“, afirmó, puesto que son “seres humanos que dejaron de ser seres humanos, creyentes, devotos” e incluso insinuó que carecen de alma, cerrando así un discurso particularmente deshumanizante.