Monseñor Silvio Báez: “el poder despótico amenaza, intimida y oprime”
Báez llamó a los fieles a no dejarse dominar por el pesimismo, el miedo o las ideologías.
Monseñor Silvio Báez en la parroquia Santa Ágata de Miami, Florida, Estados Unidos. Imagen de referencia.
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El obispo auxiliar de Managua en el exilio, Silvio Báez, hizo un llamado a la acción de cara a la injusticia en el mundo en su homilía del domingo, 8 de febrero, pronunciada desde la parroquia de Santa Ágata en Miami, Estados Unidos,
Báez instó a los cristianos a ser “sal de la tierra” y “luz del mundo”, citando al propio Jesucristo (Mateo 5,13) y llamó a vivir las bienaventuranzas para transformar la sociedad con coherencia, justicia y esperanza.
Báez recordó que el domingo anterior se proclamaron las bienaventuranzas, que proponen “un nuevo modo de comprender e interpretar la vida según la lógica de Dios, un modo de existir que nos hace más humanos y felices“.
Citando al Papa León XIV en su Ángelus del 8 de febrero de 2026, enfatizó: “gracias a nosotros, la tierra ya no será la misma y el mundo ya no estará a oscuras“.
Y añadió que, viviendo como Jesús —”pobre, misericordioso, manso y humilde, sediento de paz y justicia”—, se impide que “los gérmenes contaminantes del egoísmo, la envidia, y la maldad se arraiguen en la convivencia“, citando al Papa Francisco en su Ángelus del 5 de febrero de 2017.
La sal, prosiguió, “transforma los alimentos. Los hace gustosos y realza los distintos sabores“.
Por ello, los cristianos deben “hacer gustosa la vida de los demás, sazonando la convivencia con gestos de consuelo, misericordia y verdad”, para que los demás “saboreen la presencia bondadosa de Dios” y encuentren esperanza.
Como “sal de la tierra”, los fieles deben “impedir que la historia se corrompa, se pudra”.
“Somos sal de la tierra si tenemos un corazón limpio, renunciamos a ser cómplices de los corruptos y luchamos para que en la convivencia prevalezca la honestidad y la verdad. Somos sal de la tierra si no somos esclavos de los ídolos del poder o del dinero que corrompen y producen marginación y miseria. Somos sal de la tierra cuando buscamos caminos de paz y de justicia, estamos de parte de las víctimas del poder injusto y defendemos la dignidad humana“, aclaró el religioso.
Báez advirtió sobre el riesgo de volverse “insípidos”, ya que “la sal se puede volver insípida” y entonces “ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente“.
“Siempre descubriremos en el fondo del corazón un puñado de sal, con sabor nuevo y cristalino. Siempre podemos volver a sazonar la vida con una existencia que muestre la fuerza y la esperanza de Jesús. Dios no nos tirará ni desechará. Él es un Padre que nos cuida y nos hace renacer siempre de nuevo“, detalló Báez.
Báez denunció además “las tinieblas del poder despótico y cruel, que amenaza, intimida y oprime“, y llamó a ser “faros de esperanza” sin dejarse dominar por el pesimismo, el miedo o las ideologías.
“Estamos llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo. Esa es nuestra misión como discípulos de Jesús: preservar la vida y darle sabor, ser testigos del evangelio e iluminar con su luz“, concluyó Báez.