Monseñor Báez llama a abandonar las “falsas prudencias”
El obispo exiliado por la dictadura sandinista llamó “al pueblo” a no dejarse intimidar por “los gritos altaneros del dictador que se cree eterno”.
El obispo auxiliar de Managua en el exilio, Silvio Báez. Imagen de referencia.
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En su homilía dominical del 9 de agosto, el obispo auxiliar de Managua en el exilio, monseñor Silvio Báez, hizo un llamado a no ceder ante el miedo ni acostumbrarse a una “normalidad forzada” por los opresores. Para ello utilizó sus habituales paralelismos, metáforas y comparaciones con relatos bíblicos.
Báez comparó la barca sacudida por las olas del relato evangélico con las dificultades que atraviesan tanto las personas como la Iglesia. El religioso afirmó que la Iglesia también navega “entre las aguas agitadas de poderes autoritarios y represivos que la persiguen y la agreden porque no toleran la verdad de Dios que ella anuncia”.
Aunque no mencionó directamente a los codictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo, Báez trasladó el mensaje del Evangelio al terreno político al hablar de “pueblos que enfrentan incertidumbre, sufrimiento y regímenes que buscan perpetuarse en el poder“.
“A veces el futuro de los pueblos es incierto: hay mucho sufrimiento y cansancio; pueden intimidarnos los gritos altaneros del dictador que se cree eterno“, afirmó, indirectamente señalando el anuncio de Ortega el 19 de julio, cuando anunció que no volverán a celebrarse elecciones.
“En esos momentos no hay que caer en el desánimo; hay que conservar la rebeldía espiritual para no acostumbrarse a la normalidad forzada que quiere imponer el opresor“, sostuvo. “Tampoco hay que perder la capacidad de soñar con una sociedad justa y libre”, agregó, antes de exhortar a “lanzarse al mar de la historia y caminar como Pedro, con confianza, humildad y esperanza”.
Para Báez, el miedo puede convertirse en un mecanismo que paraliza a las sociedades y facilita que las dificultades parezcan insuperables. “El miedo nos ciega, nos hace agrandar los problemas, nos encierra, nos vuelve vulnerables y nos puede hundir en las aguas“, advirtió.
El religioso también reconoció que el camino hacia el cambio puede incluir “miedos, errores o retrocesos”, pero insistió en que estos no deben conducir a la inmovilidad. Insistió en que “no hay que detenerse; hay que atreverse a seguir caminando sobre el mar“.
En su mensaje, Báez presentó así la fe no como una garantía de ausencia de dificultades, sino como una fuerza para enfrentarlas. Utilizó la figura de Pedro caminando sobre las aguas para llamar a asumir riesgos y abandonar las “comodidades” y las “falsas prudencias” que pueden impedir avanzar.
La homilía concluyó con un llamado a mantener la confianza pese a las circunstancias adversas. “No nos detengamos ni nos hundamos. Sigamos navegando por nuevos mares, sin temor a afrontar vientos y tempestades, confiando siempre en el Señor“, concluyó.