Ortega llama a “construir el arca de Noé” en errático discurso
Según Ortega, ni su Ejército ni su Fuerza Naval existen para matar, sino para salvar vidas y proteger las fronteras, a la vez que llamó a construir “una nueva arca de Noé”.
En su discurso del 17 de agosto, en conmemoración al XLVI aniversario de la Fuerza Naval sandinista, el dictador Daniel Ortega llamó a "construir el arca de Noé".
- Medios Oficialistas
El dictador nicaragüense Daniel Ortega llamó a “construir el arca de Noé” durante un discurso pronunciado el 17 de agosto, en ocasión del XLVI Aniversario de la Fuerza Naval sandinista. Como en otras ocasiones, Ortega rumió sobre las invasiones extranjeras a Nicaragua, el anti-imperialismo y la supuesta “paz” bajo su régimen.
Según el dictador, “la primera gran fuerza naval” de la historia no habría sido creada para combatir, sino para salvar vidas, “no solamente de seres humanos, sino también de los animalitos”, afirmó, refiriéndose al arca del relato bíblico. Según su interpretación, aquella embarcación representaba un modelo de fuerza naval destinada a preservar la vida y no a la guerra.
A partir de ahí, Ortega pasó a una extensa enumeración de episodios de la historia nicaragüense y centroamericana, que presentó como ejemplos de agresiones de las potencias extranjeras contra Nicaragua.
Mencionó la presencia española, las incursiones británicas, el desembarco de tropas alemanas en 1878, las intervenciones estadounidenses, la lucha de Benjamín Zeledón y Augusto Calderón Sandino, y la llegada de William Walker a Nicaragua en 1855.
Recordó el derrocamiento de José Santos Zelaya y afirmó que Estados Unidos actuó contra el entonces presidente porque pretendía negociar con Japón la construcción de un canal interoceánico por Nicaragua. “Ese canal lo querían para ellos los yanquis”, dijo Ortega, antes de presentar a Benjamín Zeledón como un héroe de la resistencia contra las tropas estadounidenses.
También evocó la resistencia de Sandino y la intervención militar estadounidense de las primeras décadas del siglo XX. Según Ortega, las tropas estadounidenses terminaron retirándose derrotadas después de ocho años de enfrentamientos con el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, asegurando que a Sandino los estadounidenses “mandaron helicópteros” en su contra, a pesar de que tales vehículos no habían sido desarrollados para esa época. Esta la segunda vez que Ortega insiste en esa idea en un discurso.
Tras ese recorrido, Ortega volvió al tema de las fuerzas navales y planteó una reflexión contra el uso de armamento para la guerra, a pesar de que su primera gestión (1979-1985, como coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y 1985-1990 como presidente) se creó y se sostuvo a través de las armas del Frente Sandinista y del Ejército Popular Sandinista. Asimismo, su actual gestión fue blindada por cuerpos armados regulares e irregulares en 2018.
Entonces Ortega insistió nuevamente en la idea del arca de Noé. “No entienden, o no quieren entender los imperialistas de la tierra, que hay que construir el arca de Noé. Tenemos que construirla todos”, manifestó Ortega. Explicó que esa nueva arca debería construirse mediante el compromiso de abandonar el uso de barcos para “bombardear” y “asesinar”.
Del evento tomaron parte jefes militares, incluyendo al líder máximo de las Fuerzas Armadas, Julio César Avilés. Ortega instó al Ejército a transformarse en una fuerza de rescate de personas y protección de las fronteras y alegó que su Fuerza Naval, de a lo más 5 mil efectivos, dos corbetas y varias lanchas y embarcaciones menores, “no está para andar matando, sino más bien salvando vidas”, dado que es completamente inefectiva ante un combate real contra una potencia.
La intervención terminó con un llamado a los militares a continuar respaldando al régimen bajo la consigna sandinista de “seguir adelante” y “vencer”. “Juntos venceremos, venceremos”, concluyó Ortega, al reivindicar a la Fuerza Naval como “un componente fundamental” de la lucha de su régimen.
Por su parte, Rosario Murillo volvió a acompañar la celebración con su habitual discurso de exaltación religiosa, revolucionaria y familiar, presentando la jornada como una expresión de “paz, gloria y victorias” y reivindicando tanto la figura de Fidel Castro como la narrativa histórica del sandinismo.