Monseñor Silvio Báez: “los profetas son perseguidos o mandados al exilio”
El obispo presidió la ordenación de un diácono coterráneo nicaragüenses, reconociendo que en su patria “se somete al pueblo con autoritarismo y crueldad”.
El obispo auxiliar de Managua en el exilio, Silvio Báez, pronuncia su homilía durante la misa dominical del 12 de octubre, 2025.
- Cortesía
Monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua en el exilio, presidió la ordenación diaconal de Cristhian David Mendieta en la parroquia de Santa Ágata, Arquidiócesis de Miami, destacando que este ministerio es un “regalo de Dios” no solo para esa diócesis, sino también para la Iglesia universal y especialmente para el pueblo de Nicaragua.
En su homilía del domingo, 14 de diciembre, Báez describió a Mendieta como “un signo elocuente de la fecundidad de la Iglesia nicaragüense, que sigue viva y dando frutos aun en la persecución y en el exilio” que le impuso a muchos de sus religiosos —incluso el propio Báez— la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
El nuevo diácono, originario de un país “privado de libertades, en donde no se respetan los derechos humanos y se somete al pueblo con autoritarismo y crueldad”, donde “los profetas son perseguidos, encarcelados o mandados al exilio“, recibe un llamado a ejercer su ministerio con valentía.
Basado en el Evangelio del día (San Mateo XI), el obispo estructuró su homilía en tres dimensiones esenciales del diácono: creyente, servidor y profeta, inspiradas en Juan Bautista y en Jesús.
Como creyente, el diácono debe confiar en Dios incluso en la oscuridad y la duda: “El verdadero creyente no es quien nunca duda sino quien, en medio de la incertidumbre, sigue confiando y buscando a Dios“.
Báez animó a Mendieta a acompañar al pueblo en su fe, irradiando esperanza.
Como servidor, a imagen de Jesús que “no ha venido a ser servido sino a servir”, debe ser “un puente entre el altar y la calle”, prolongando el servicio litúrgico en la atención a los pobres y marginados: “Que tus manos, que bendicen y elevan el cáliz, sean las mismas manos que toquen con ternura las heridas de Cristo en quienes padecen y son olvidados”.
Como profeta, inspirado en Juan Bautista, debe proclamar la verdad sin temor: “No apagues tu voz para proclamar la verdad del Evangelio y para denunciar lo que contradice la voluntad de Dios. No temas descontentar a los poderosos”.
En el contexto nicaragüense, esto implica defender a las víctimas de la injusticia y ser “voz de los que no tienen voz”.
En la conclusión, Báez enfatizó la interconexión: “Como creyente, encontrarás la fuerza para servir; como servidor, darás credibilidad a tu profecía; como profeta, mantendrás viva tu fe”. Invocó a la Virgen María como modelo y protectora de la vocación de Mendieta.
Esta homilía resalta la vitalidad de la Iglesia nicaragüense perseguida, que continúa formando vocaciones en el exilio y llamando a un ministerio profético frente a la opresión.