Dictadura contempla una ocupación militar rusa para encarar a Estados Unidos
El convenio, aún por aprobarse en Managua, permite al Ejército ruso desplegar sus fuerzas para apoyar al aparato represivo del régimen contra la población.
(De der. a izq.) El dictador ruso, Vladimir Putin; el dictador nicaragüense, Daniel Ortega; y el jefe del Ejército sandinista, Julio César Avilés, durante una visita del mandatario a Nicaragua en 2014. Imagen de referencia.
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Las dictaduras de Vladimir Putin en Rusia, y Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, han llegado a un acuerdo de cooperación militar de gran alcance que fue ratificado en el Senado Rusa (Duma) el miércoles, 22 de abril, tras haberse formulado originalmente en septiembre de 2025.
El acuerdo aún debe ser ratificado en la Asamblea Nacional de Nicaragua, bajo control pleno de la pareja dictatorial. Dicho convenio permitiría la entrada, permanencia y despliegue de soldados, aviones y embarcaciones bajo bandera rusa.
Asimismo, el acuerdo permitiría a tropas rusas integrarse a tareas de seguridad interna en pro del “orden público” y en lucha contra “amenazas comunes”. De modo que soldados rusos podrían colaborar directamente con el aparato represivo del régimen.
La misión militar rusa también ofrecería a sus homólogos nicaragüenses asesoría en organización y gestión operativa, acceso a información clasificada y secretos de Estado. El trabajo de Inteligencia sería conjunto, expandiendo las capacidades del régimen para espiar a sus propios ciudadanos.
El acuerdo sería una provocación directa para Estados Unidos, que bajo la administración del presidente Donald Trump se ha planteado neutralizar la influencia rusa y china en el hemisferio. Para esta tarea han llegado a actuar de forma beligerante hacia los aliados regionales de ambas dictaduras.
El 3 de enero, un operativo militar estadounidense capturó al dictador venezolano, Nicolás Maduro, en Caracas, dejando el país al mando de la colaboracionista Delcy Rodríguez. A finales del mes, la dictadura castrista de Cuba fue rodeada por la Armada de los Estados Unidos en un bloqueo petrolero que la ha llevado al borde del colapso.
La aprobación del convenio pondría a Nicaragua en la mira de los Estados Unidos al suponer una amenaza a sus intereses de seguridad en una región que por otro lado se ha inclinado más hacia la cooperación militar en temas como la lucha contra el narcotráfico y el freno a los flujos migratorios.
Un estado satélite
El dirigente opositor en el exilio, Félix Maradiaga, reaccionó con dureza a la ratificación en Moscú, calificando el acuerdo como un punto de inflexión. “Es la transformación de Nicaragua en un estado satélite de Vladimir Putin, de una base militar rusa” y consideró “fundamental hacerle un llamado al Ejército a no aceptar este acuerdo vendepatria“.
“Lo que preocupa muchísimo de este pacto es una grave amplitud deliberada incorpora elementos que son ilícitos ante el derecho internacional. Quienes digan que esto es una exageración deben recordar que la guerra moderna se libra con drones, con guerra cibernética, con inteligencia electromagnética”, sostuvo.
El opositor también alertó sobre implicaciones regionales, señalando que el pacto rompería el equilibrio establecido por el Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica. “Este pacto rompe el balance razonable de fuerzas que prohíbe acuerdos militares de esta naturaleza con fuerzas fuera de la región”, afirmó.
En consecuencia, pidió acciones a organismos regionales, en particular al Sistema de Integración Centroamericana (SICA), el cual considera debería “iniciar un proceso de expulsión (contra la dictadura)”, así como instó a la Organización de Estados Amerianos (OEA) a pronunciarse.
“Este acuerdo no compromete a los nicaragüenses dignos y no va a sobrevivir a una Nicaragua libre”, concluyó.