Castigan a “el gato sandinista” por incitar a la violencia contra Estados Unidos
El propagandista sandinista hizo un llamado a atacar sedes diplomáticas estadounidenses en un momento tenso en que Estados Unidos baraja intervenir contra la dictadura.
Edwin Suárez, "el gato sandinista", junto al dictador sandinista Daniel Ortega.
- Nicaragua Actual
Edwin Suárez, alias “el gato sandinista” y uno de los principales apologistas en redes sociales de la dictadura en Nicaragua, habría sido amonestado y relegado, al punto de habérsele ordenado eliminar su presencia en redes, según reveló a Nicaragua Actual una fuente cercana a la situación que optó por el anonimato por temor a represalias.
Suárez, un reconocido propagandista sandinista que se lucra de fondos públicos, habría sido presuntamente “castigado” por hacer un llamado a irrumpir con violencia en la Embajada de los Estados Unidos en Managua y en otras sedes diplomáticas de ese país en todo el mundo.
Esto en un momento de extrema tensión entre el régimen en Managua y la administración del presidente Donald Trump, que ha llevado al régimen sandinista a moderar hasta cierto punto su discurso usualmente hostil hacia la superpotencia norteamericana.
Suárez había reaccionado a un ataque organizado por manifestantes contra un consulado estadounidense en Karachi, Pakistán, en el que la guardia de la sede diplomática, compuesta por infantes de marina, acabó con la vida de al menos 10 atacantes y dejó a más de 60 heridos cuando intentaron ingresar al recinto.
El agitador sandinista hizo entonces un llamado para emular estas acciones en contra de “el narco imperio estadounidense“.
La respuesta del régimen habría sido en principio ordenarle eliminar su presencia en redes sociales. En su programa El informante, el periodista exiliado, Miguel Mendoza, aseguró que Suárez “metió la pata y lo han desaparecido, hay purga, hay censura, lo mandaron a borrar su red social“.
Mendoza conjeturó que la codictadora Murillo, a quien presume responsable de esta decisión, esperará unas cuantas semanas para que el asunto sea olvidado y así poder permitirle volver a sus actividades usuales de agitación política.