• San José, Costa Rica
  • 9:48 am
  • Jun 30, 2026

Victoria de las derechas en Hispanoamérica deja a Nicaragua cada vez más aislada

Tres gobiernos democráticos de izquierda quedan aún en pie en Hispanoamérica, pero el régimen ha marcado distancia y profundiza su aislamiento.

Daniel Ortega y Rosario Murillo, codictadores de Nicaragua.

  • Medios Oficialistas

La victoria de Keiko Fujimori en los comicios generales del Perú marca un nuevo avance del giro político hacia la derecha en Hispanoamérica, reduciendo aún más el número de gobiernos de izquierda y afianzando el aislamiento auto-impuesto del régimen sandinista de Nicaragua.

Con la victoria de Fujimori, declarada ganadora por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) con 50.13% del voto frente al 49.86% de su contrincante, el izquierdista Roberto Sánchez, Perú se suma a una tendencia que en los últimos años ha llevado al poder a gobiernos de centroderecha o derecha en Hispanoamérica.

Ahora esencialmente toda la región se ha inclinado hacia la derecha, con influyentes figuras como Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina; sólo las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela, y los gobiernos democráticos de Uruguay con Yamandú Orsi, México con Claudia Sheinbaum y el Brasil con Luiz Inázio Lula da Silva, persisten a la izquierda.

El nuevo mapa político regional deja a Nicaragua cada vez más aislada dentro del sistema interamericano, ahondando el aislamiento propiciado por sus propias tendencias dictatoriales. Ahora incluso el régimen de Venezuela, sometido a los intereses de Estados Unidos tras la captura de Nicolás Maduro, se ha distanciado de la dictadura.

Al régimen sólo le quedan la dictadura cubana, asediada desde finales de enero por Estados Unidos, y sus aliados extrarregionales como Rusia, China e Irán (este último diezmado por una guerra israelí-estadounidense), mientras sus vínculos con otros gobiernos latinoamericanos se han deteriorado progresivamente.

Ruptura con la izquierda

El aislamiento diplomático del régimen sandinista ya era manifiesto desde hacía años, incluso respecto de gobiernos ideológicamente cercanos.

Uno de los casos más notorios ha sido el de su relación con el gobierno del presidente Lula da Silva de Brasil, luego de que este cuestionara la deriva autoritaria del régimen y expresara preocupación por la situación de los derechos humanos y la falta de libertades políticas en Nicaragua.

Ortega respondió descalificando públicamente a Lula a finales de 2024, donde lo acusó de actuar como “representante de los yanquis” y de someterse a los intereses de Estados Unidos. Posteriormente, Rosario Murillo calificó de “vergonzosas” las posiciones del mandatario brasileño.

Brasil es además uno de los países que ha respaldado resoluciones en la Organización de Estados Americanos (OEA), que un principio rechazaba, y en Naciones Unidas expresando preocupación por la situación de los derechos humanos en Nicaragua, aunque manteniendo una posición menos confrontativa que la impulsada por Estados Unidos.

El nuevo escenario regional coincide con un incremento de la presión internacional sobre Managua. En los últimos meses, Estados Unidos amplió sanciones contra funcionarios del régimen, la OEA volvió a exigir la liberación de los presos políticos y diversos organismos internacionales denunciaron el endurecimiento de la represión tras recientes reformas que amplían las facultades del Estado para congelar bienes y perseguir a organizaciones civiles.

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