La “economía del malestar”: ¿por qué es tan difícil llegar a fin de mes en Nicaragua?
El economista nicaragüense Marco Aurelio Peña ha descrito la situación económica del país como “un crecimiento sin desarrollo”.
La dictadura en Nicaragua presume de grandes logros a nivel macro-económico, pero la población no los siente.
- Nicaragua Actual
El economista nicaragüense en el exilio Marco Aurelio Peña aseguró en entrevista con Nicaragua Actual que el país atraviesa un proceso de “crecimiento sin desarrollo”, una dinámica que describe como el entorno de crecimiento de las cifras oficiales que contrasta con la realidad cotidiana de las familias.
“Yo he descrito lo que ha venido pasando en Nicaragua como un crecimiento sin desarrollo”, afirmó. A su juicio, aunque el régimen sandinista sostiene que la economía crece desde el punto de vista macroeconómico, “ese crecimiento no se materializa en el desarrollo económico de las comunidades, de los barrios o de las familias, particularmente en términos de sueldos y salarios”.
La “economía del malestar”
“Cuando hablamos de macroeconomía nos referimos a estadísticas que explican la economía en su conjunto; cuando hablamos de microeconomía hablamos de la realidad que se vive en los mercados, especialmente en los mercados populares”, explicó, al subrayar la brecha entre los datos oficiales y la experiencia diaria de la población.
En Nicaragua, el salario mínimo varía según el rubro. El más bajo corresponde al subsector agropecuario, de apenas unos 5959 córdobas, mientras que el más alto, en construcción, establecimientos financieros y seguros, asciende a 13 315 córdobas. En contraste, la canasta básica ronda los 20 800 córdobas, con descensos mínimos y ocasionales, y un ascenso constante.
“Un trabajador agropecuario que destine todo su salario mínimo apenas podría cubrir el 29 % de la canasta básica”, advirtió. Incluso en el subsector con mejor remuneración, agregó el economista, “aun destinando todo el ingreso, solo se alcanzaría a cubrir alrededor del 65%”.
“La respuesta es que las familias combinan distintos ingresos individuales para conformar un ingreso familiar y, con eso, adquirir lo más posible de la canasta básica”, señaló, recordando que esta apenas garantiza la sobrevivencia.
Y aunque la inflación oficial se mantiene entre 2.5 y 3.5%, Peña sostiene que el problema radica en los bajos salarios. “El país se vuelve caro porque los salarios son demasiado bajos”, expresó Peña.
Así, incluso aumentos moderados en los precios impactan con fuerza en el poder adquisitivo. “Si antes con 100 córdobas se podían comprar cuatro productos, hoy quizá solo se compren dos”, ejemplificó, notando que en esta situación influyen factores como la estacionalidad, la especulación y falta de competencia efectiva.
También apuntó a factores externos, como el precio internacional del petróleo, que la dictadura ha ignorado, fijando el precio del combustible muy por encima de los estándares internacionales desde hace años.
De modo que las iniciativas de emprendimiento que existen lo hacen “no gracias al gobierno, sino a pesar del entorno adverso” ya que “el nicaragüense es laborioso, recursivo y resiliente”. Entre los rubros con mejores resultados mencionó negocios de comida, pequeñas farmacias, pulperías, venta de bebidas, ropa de segunda mano y servicios vinculados al turismo.
En consecuencia, Peña calificó la situación como “una economía del malestar”, señalando que mientras se proyecta una imagen de estabilidad en las estadísticas globales, en la práctica los hogares enfrentan crecientes dificultades.
¿Por qué son tan bajos los salarios?
Peña atribuyó los bajos salarios a varios factores estructurales. Uno de ellos es la corrupción. Según recordó, de acuerdo con el índice de percepción de la corrupción 2025 de Transparencia Internacional, Nicaragua ocupa el puesto 172 de 180 países evaluados, con apenas 14 puntos sobre 100.
“La corrupción desvía recursos, multiplica los sobornos y reduce las oportunidades de desarrollo para la mayoría”, sostuvo el economista.
También señaló la baja productividad laboral, relacionada con deficiencias educativas. “Si la productividad es baja, los salarios también lo serán”, y a esto se suman restricciones a la libertad económica, cargas tributarias arbitrarias e inseguridad jurídica que desincentivan la inversión, afirmó Peña.
Como contraste, mencionó el caso de Costa Rica, donde operan empresas tecnológicas como Microsoft e Intel gracias a la disponibilidad de ingenieros calificados.
En Nicaragua, en cambio, señaló cómo muchos graduados emigran o trabajan en call centers, mientras el 75% de la población ocupada permanece en la informalidad y cuatro de cada diez personas están en subempleo, según datos oficiales.
“Todo esto explica por qué los salarios se mantienen bajos: baja productividad, corrupción, entorno adverso para emprender y escasa inversión nacional y extranjera… Comprendo que el dinero se escurre como agua entre los dedos. Incluso un billete de 500 córdobas ya no rinde como antes”, concluyó, exhortando a las familias a administrar con cautela sus recursos en un contexto económico cada vez más desafiante.