Marco Rubio a las dictaduras de América: “ya no hay salida”
“Lo que estamos tratando de enseñarle (a las dictaduras) es que ya no quedan válvulas de escape”, afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense.
El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, junto al presidente Donald Trump.
- Nicaragua Actual
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aseguró que la presión de la administración de Donald Trump sobre el régimen cubano continuará durante los próximos años y advirtió que La Habana no podrá esperar a que Washington abandone su estrategia de sanciones y aislamiento.
En una entrevista con el medio estadounidense Axios, Rubio explicó que el objetivo de la política estadounidense es cerrar las vías que el régimen cubano utiliza para sortear las sanciones. “Lo que estamos tratando de enseñarles es que ya no quedan válvulas de escape“, afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense.
La declaración resume una estrategia que la administración Trump ha intensificado desde el año pasado y que ha incluido sanciones contra empresas y funcionarios cubanos, restricciones de visados y residencia, medidas contra el programa cubano de exportación de médicos y nuevos señalamientos sobre derechos humanos, terrorismo y las actividades de influencia de La Habana.
Rubio sostuvo que el liderazgo de Estados Unidos está consciente de que la dictadura castrista de Cuba intenta ganar tiempo mediante reformas limitadas mientras busca mecanismos para evadir las sanciones. Pero, aseguró, la administración a la que sirve los está frenando en cada oportunidad.
“Cada vez que crean un nuevo mecanismo con el que intentan salir de la soga, nosotros simplemente la apretamos. Ciertamente no pueden esperar a que los superemos. Ciertamente esto no va a desaparecer durante los próximos dos años y medio“, afirmó.
Según Rubio, la caída de Nicolás Maduro, detenido por Estados Unidos mediante un operativo militar el 3 de enero, y el debilitamiento del régimen chavista de Venezuela —sometido en buena medida a los intereses de Washington bajo Delcy Rodríguez—, como proveedor de petróleo fueron movimientos deliberados para presionar al régimen comunista de la isla.
“Por primera vez en la historia de Cuba, el régimen carece de dos cosas en las que siempre ha confiado: un patrocinador externo y la falta de atención de Estados Unidos como una prioridad principal“, declaró.
Rubio añadió que el régimen cubano tampoco podrá esperar la llegada de un nuevo patrocinador durante el resto del mandato de Trump. “No van a conseguir un patrocinador durante los próximos dos años y medio, así que esa es la dinámica que ha cambiado. Eso los ha obligado a entrar en una situación muy difícil“, sostuvo.
Cambio político es el objetivo
Rubio planteó además que el objetivo final de la presión estadounidense es una transformación política de Cuba. Tras la caída de Maduro, explicó, Washington estableció tres etapas para Venezuela: estabilización económica, estabilización política y, finalmente, una transición completa que desemboque en elecciones.
En el caso cubano, la administración Trump también busca identificar actores que puedan formar parte de una eventual transición. “Una de las cosas que hemos perdido en la política exterior y la geopolítica estadounidense es el concepto de paciencia y persistencia“, anotó Rubio.
La política hacia Cuba ha generado fuertes críticas internacionales. El embargo estadounidense ha sido denunciado durante décadas por numerosos gobiernos y organizaciones. Sin embargo, también ha encontrado respaldo entre sectores del exilio cubano y otras diásporas afectadas por regímenes alineados con La Habana.
Un mensaje a Ortega y Murillo
Aunque Rubio se refirió específicamente a Cuba, la insistencia en que “no hay válvulas de escape”, que las sanciones no desaparecerán y que Washington apuesta por la “paciencia y persistencia” apunta a una política que busca impedir que los regímenes sometidos a presión simplemente esperen un cambio de administración o encuentren mecanismos alternativos para evadir las medidas estadounidenses.
La dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, recientemente apuntando a una radicalización con reformas estructurales que buscan neutralizar cualquier posibilidad de elecciones libres, es uno de los pocos regímenes que permanecen alineados con la dictadura de Cuba en el continente.
Si bien las declaraciones de Rubio no constituyen una amenaza específica contra Managua ni anuncian nuevas medidas contra Nicaragua, permiten en sí mismas identificar una lógica de política exterior en la que Washington pretende sostener la presión sobre gobiernos que considera autoritarios, limitar sus vías de financiamiento y apoyo externo y evitar que puedan “esperar” hasta que la presión internacional pierda fuerza.
Este cambio de táctica puede percibirse en el llamado de Estados Unidos hacia mayores acciones unilaterales de parte de gobiernos del hemisferio y al convocar a una reunión de cancilleres mediante la Organización de Estados Americanos (OEA) con el fin de coordinar acciones colectivas contra la dictadura.
En términos nada explícitos, la misión permanente de Estados Unidos ante la OEA ha declarado que “la dictadura en Nicaragua es una amenaza regional” y debe tratársele como tal.
Volviendo a Cuba, la lectura de Washington es fundamentalmente optimista. “Mi nivel de confianza es que, cuando termine esta Administración, como mínimo, Cuba estará en una trayectoria irreversible hacia un futuro diferente“, concluyó Rubio la entrevista.
Cualquier cambio en Cuba, como ocurrió en Venezuela, afectará la posición geopolítica y el cálculo interno del régimen sandinista de forma ineludible.