Desde el primer mes de este 2022 se mantiene una tendencia de aumento de precios de los alimentos casi constante, tanto en Nicaragua como en todos los países de Centroamérica y todo hace indicar que esta situación no cambiará, sobre todo cuando la inflación en la región se incrementó nuevamente en agosto.

A julio de 2022 (último valor disponible), Nicaragua registra que la tasa de variación anual del Índice de Precio al Consumidor (IPC) fue del 11,5 %, es decir 1,1% superior a la del mes anterior.

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Esta situación de la economía ha provocado que por ejemplo miles de familias hayan dejado de comprar varios productos que antes adquirían.

“Antes por ejemplo compraba mantequilla para el desayuno, ahora el pan lo comemos sin agregarle nada. También antes compraba 8 libras de pollo para la semana, pero ahora solo podemos comprar 6 libras”, asegura Damaris Espinoza, habitante de Managua.

El consumo de alimentos y bebidas, las comidas fuera de casa y las prendas de vestir, fueron los que más efecto tuvieron sobre el incremento en los precios el mes pasado en todos los países de la región, según un estudio de Kantar, empresa de análisis de datos y consultoría de marcas.

“Hay tres tendencias que marcan el comportamiento del comprador en la actualidad, una de ellas es la disminución del volumen de compra”, refiere Kantar en un reciente análisis regional.

¿Por qué no baja el costo de la comida
si la FAO reporta reducción de precios?

Este incremento en los precios de la comida y otros productos básicos, ocurre en momentos en que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), indica que los precios mundiales de los alimentos siguen bajando por quinto mes consecutivo en agosto, con los aceites vegetales incluso por debajo de su nivel de hace un año.

El economista Francisco Romero explica que esta baja en los precios mundiales de los alimentos, supondría también una reducción de precios en los supermercados, sin embargo, ocurre todo lo contrario porque existen monopolios regionales que son los que acaparan la producción de alimentos, su importación y su distribución.

“Son grandes consorcios que ante los desafíos que implicaron los cambios estructurales causados por la pandemia del Covid-19, ahora ya no quieren reducir sus ganancias. Operan de la misma forma en cada país; ellos compran las producciones enteras de los agricultores, las almacenan y las distribuyen, es un monopolio que prácticamente domina el mercado y los gobiernos no hacen nada por  regular ni controlarlo”, explica Romero.

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El especialista agrega que “la única manera de hacer que bajen nuevamente los precios es que aparezcan nuevos inversores en esta área, pero en estos momentos no hay mucho interés de grandes capitales para invertir en la industria alimenticia porque les son más rentables otras áreas como la tecnología, medicamentos, vestuario, entre otros rubros”.

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