Cada miércoles en una modesta cocina en un barrio de la capital costarricense se preparan uno de los platos típicos con mucho orgullo nicaragüense, les hablo de los auténticos nacatamales pinoleros, un negocio que emprendieron dos jóvenes exiliados que huyeron de la represión de los Ortega Murillo.

Emeling Vélez originaria de la gran sultana y Carlos Hernández de la ciudad de los mangos han puesto a prueba sus dotes culinarios que lo mezclan con un sabor a cultura y eso da como resultado la preparación de estos riquísimos nacatamales, un negocio que inició por la necesidad y las dificultades que conlleva el exilio.

“Muchas veces miramos el desempleo como gris pero a veces nos puede traer grandes oportunidades, el no encontrar empleos y ser una migrante y no tener documentos entonces me tocó poner en práctica esta bonita habilidad de la cocina” afirmó está exiliada.

Los nacatamales son hechos con ingredientes de nuestra tierra.

Por su parte Carlos expresó “yo conocí a estos muchachos en un curso de gestión cultural, entonces los tres somos gestores culturales y somos artistas, entonces buscamos hacer lo útil a lo agradable, es decir gastronomía cultural”


Emeling jamás se imaginó que esta exquisita receta que heredó de generaciones pasadas pero principalmente el de su abuela materna la llevarían a sacarle mucho provecho en un exilio forzado.

“La receta de los nacatamales tiene más de 100 años en la vida de las mujeres de mi familia, lo hacía mi bisabuela, mi tatarabuela, mi abuelita de hecho fue migrante en los Estados Unidos, entonces siendo una adulta mayor de 60 y tantos años aprovechó su dote culinaria de hacer nacatamales y así hizo sus recursos económicos” comento esta emprendedora.

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Sus ingredientes son muy propios de nuestra tierra, aunque a veces se les hace difícil conseguirlo, pero se las rebuscan.

“Nosotros buscamos cómo conseguir los ingredientes de nuestros alimentos tradicionales para que la gente pueda transportarse y reconectarse con sus raíces” explicó Carlos.

Carlos y Emeling también elaboran postres navideños.

Emeling y Carlos no se han quedado solo con la preparación de los nacatamales, también han aprovechado la temporada navideña para hacer, sopa borracha, pío quinto y rompopes.

“Esta bonita aventura me ha llevado a grandes cosas y estoy super agradecida con Dios y la vida porque uno nunca sabe lo que la vida te prepara, lo que te tiene para vos más adelante” expresó Vélez.


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