Los Dictadores de Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo asistieron al acto de aniversario del Ejército sandinista sin ninguna medida de seguridad sanitaria por el COVID-19, contrario a lo que sucedió el 19 de julio pasado donde sorprendieron usando mascarillas, pero les ordenaron a los que integraban la mesa de presidium que usaran sus tapas bocas.

En su discurso Ortega reconoció que la pandemia continúa siendo un peligro, que no se ha ido de Nicaragua y pidió que “no hay que confiarse”, sin embargo su esposa Rosario Murillo ha ordenado a instituciones del estado y a sus alcaldias a realizar actividades masivas, provocando aglomeraciones donde no se respeta el distanciamiento físico.

“Nosotros no podemos decir ya se acabó la epidemia, no podemos confiarnos, hay que mantener el cuidado, las indicaciones que nos dan los médicos, las indicaciones que nos dá el sistema de salud todo lo que se viene orientando” dijo un desgastado Ortega.

Pero también el dictador se declaró sin recursos económicos para poder acceder a la compra de posibles vacunas contra el COVID-19.

“Los países que no tenemos esos niveles de recursos, sinceramente, ni se nos ocurre a buscar como no apartar ahí unas cuantas vacunas, ¿porque? por qué hay que poner una garantía, hay que poner dinero” Señaló Ortega.

En su discurso en el cual no ofreció planes económicos para ayudar a las familias afectadas por el COVID-19 defendió la no suspensión de las clases en el país.

“Hemos visto como aquí cuando estamos abriendo las escuelas, guardando normas, había gente que no entendía y es explicable el temor, y estamos viendo ahora que los países desarrollados donde tenían a los niños encerrados, resulta ahora que reconocen que les provocaba daño a los niños y los adultos ese encierro, están están abriendo las escuelas tomando lógicamente las medidas preventivas que no van a provocar contagios y víctimas entre la familias” dijo Ortega.

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