• San José, Costa Rica
  • 11:56 am
  • Oct 12, 2026

Lo que el Ejército no dice sobre su enfrentamiento con presuntos criminales en Siuna

El Ejército describió una banda delincuencial, de tamaño y capacidades imprecisas, a la que atribuye una campaña de terror y saqueo en el campo nicaragüense sin elaborar sobre la evidente contradicción con el relato oficial en materia de seguridad y defensa.

Soldados del Ejército de Nicaragua, leal a la dictadura sandinista, queman sembradíos de marihuana luego de un operativo contra una presunta banda delincuencial en el cerro Los Cocos, municipio de Siuna, Región Autónoma del Caribe Norte (RACN) luego de un enfrentamiento armado. 8 de octubre, 2026.

  • Ejército de Nicaragua

El Ejército de Nicaragua, leal a la dictadura sandinista, informó sobre un enfrentamiento armado ocurrido el jueves, 8 de octubre en el cerro Los Cocos, a unos 37 kilómetros al noroeste de Siuna, en la región del Triángulo Minero en la Costa Caribe Norte, que dejó dos hombres muertos.

La institución aseguró que los fallecidos pertenecían a una agrupación presuntamente involucrada en asesinatos, amenazas, torturas, extorsiones y robos contra productores rurales, además del cultivo y la comercialización de marihuana por un periodo no especificado.

La nota de prensa número 192/2026 señala que la operación se realizó en el marco del Plan de Seguridad en el Campo, a partir de información proporcionada por productores de la zona. Según la versión militar, una patrulla llegó al lugar y, después de ordenar a los hombres que se detuvieran, fue recibida con disparos.

Los soldados respondieron y se produjo un intercambio de fuego que terminó con dos hombres muertos, uno de ellos identificado como José Ismael Cerros Herrera; la segunda baja no fue identificada.

La institución informó que entregó los cuerpos y los medios ocupados a las autoridades correspondientes para su judicialización. No obstante, su nota no detalla qué diligencias se realizarían para identificar al segundo fallecido, determinar la identidad de los posibles fugitivos o esclarecer los delitos atribuidos al grupo.

En el operativo fueron ocupados dos fusiles AK y una escopeta. El plantío y las semillas de marihuana fueron destruidos. El Ejército señaló que encontró rastros de sangre durante la exploración posterior al enfrentamiento, lo que, según su interpretación, indicaría que otros integrantes del grupo escaparon mientras trasladaban a personas heridas.

La institución no precisó cuántos hombres habrían huido ni si posteriormente fueron localizados.

La información oficial permite plantear interrogantes sobre la naturaleza de la organización descrita por los militares. La combinación de armas de uso militar, presuntos ataques contra productores, robo de ganado y dinero, extorsiones y actividad relacionada con la marihuana apunta a un grupo armado de relativa sofisticación.

Sin embargo, el comunicado no aporta elementos suficientes para establecer si se trataba de una banda local, una estructura criminal con presencia en varias comunidades o una organización vinculada con redes más amplias.

Un problema más grande

A pesar de que la propaganda oficialista presentó el operativo como una “neutralización” de la organización, la institución castrense no identificó a un jefe, no indicó cuántas personas lo integraban, cuánto tiempo llevaba operando ni si tenía una base permanente en el cerro Los Cocos o utilizaba el área como punto de tránsito, refugio o producción de la droga.

Tampoco explicó si las denuncias de los productores correspondían a hechos recientes o a una serie de delitos cometidos durante meses o incluso años, lo que es imposible de precisar con certeza.

Por otro lado, la referencia a asesinatos, torturas y extorsiones describe un repertorio de violencia considerable que por la naturaleza de los actos sería difícil de ubicar en el corto plazo.

Armamento incautado por el Ejército de Nicaragua, leal a la dictadura sandinista, tras el operativo contra una presunta banda delincuencial en el cerro Los Cocos, municipio de Siuna, Región Autónoma del Caribe Norte (RACN). 8 de octubre, 2026. Foto: Ejército de Nicaragua

La institución no individualizó a las víctimas, las fechas de los hechos ni las denuncias que permitirían contrastar esas acusaciones. Esta omisión impide determinar si todos los delitos atribuidos correspondían a una sola estructura o si el grupo era señalado por hechos distintos ocurridos en varias comunidades.

El Ejército no había informado de forma periódica sobre ninguno de los presuntos delitos que achacan a esta supuesta agrupación. Tampoco ha aclarado si existe vinculación con otras agrupaciones cuyos delitos sí han sido reportado, como los perpetrados por la banda Los Chabelos.

De hecho, el comunicado no explica si existían investigaciones policiales previas, qué autoridades recibieron las denuncias ni cómo se coordinará la investigación penal posterior al enfrentamiento.

El muro invisible

El incidente ocurrió en un momento sensible para la imagen del Ejército, luego de que la Fiscalía General de la República de El Salvador reportase un quiebre contra una red de narcotráfico que operaba desde Nicaragua para traficar droga hacia Guatemala, tan sólo el último eslabón en una cadena de operativos de distintos países que dejan en entredicho la estrategia del “muro de contención” del Ejército sandinista.

El Ejército ha reaccionado con hostilidad a señalamientos de El Salvador, pero también las autoridades en Costa Rica, Honduras, Reino Unido, e incluso Rusia, entre otros, han encontrado evidencia de severas deficiencias en la capacidad —o voluntad— del régimen en Nicaragua para mitigar el tráfico de droga, lo que ha sido notado por Estados Unidos.

La presencia de grupos armados en Nicaragua, más allá de bandas delincuenciales de poca envergadura, ha sido negada por el jefe del Ejército sandinista, Julio César Avilés, en distintas ocasiones.

“Somos el país más seguro de la región“, dijo el 2 de septiembre en un acto oficial por la fundación del Ejército Popular Sandinista (EPS), en el que reafirmó su lealtad a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Esto a pesar de que El Salvador, bajo la gestión del presidente Nayib Bukele, desde 2019 ha reducido los índices de criminalidad muy por debajo de los reportados por Nicaragua, que por otro lado lleva años sin estadísticas fiables sobre criminalidad.

“No tenemos maras, ni pandillas. No existen pistas clandestinas. No somos bodega del narcotráfico. No existen carteles. No existe el sicariato. No hay secuestros y no existen células o elementos vinculados a organizaciones terroristas“, alegó entonces el jefe de las fuerzas armadas.

No está claro cómo encaja esa afirmación, que refleja la postura de la institución en cuanto a la cuestión de la seguridad en Nicaragua, con la realidad que el propio Ejército detalla tras el operativo en Los Cocos.

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