Costarricense viajó a Nicaragua para recibir tratamiento, dictadura lo volvió propagada
Obviando las severas carencias del sistema nacional de salud, el régimen sandinista presenta el caso como un ejemplo de buena gestión y solidaridad.
Dennis Vargas Villalobos, ciudadano costarricense que viajó a Nicaragua para recibir un tratamiento que no pudo obtener en Costa Rica.
- Cortesía
La propaganda oficial del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha aprovechado el caso del costarricense Dennis Vargas Villalobos para presentar al sistema de salud nicaragüense como un modelo de eficiencia, en contraste con la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), mientras omite las persistentes deficiencias que enfrentan miles de pacientes en Nicaragua, entre ellas el desabastecimiento de medicamentos, la falta de especialistas y las denuncias por deterioro de la atención hospitalaria.
Vargas, un vecino de San Carlos, Costa Rica, viajó a Nicaragua para recibir tratamiento contra la leishmaniasis, enfermedad parasitaria conocida popularmente como “papalomoyo”, luego de que la CCSS no lograra suministrarle el medicamento de nombre Glucantime.
El caso se remonta a finales de mayo, cuando el paciente denunció que en el Hospital San Carlos en Costa Rica no había disponibilidad del fármaco y que incluso le habían asignado una cita de seguimiento hasta 2032. Aunque la presión pública llevó a la CCSS a adelantar su atención e intentar importar el medicamento, el lote recibido el 2 de junio fue rechazado por no superar los controles de calidad debido a la presencia de partículas visibles.
Ante la imposibilidad de iniciar el tratamiento, Vargas decidió trasladarse a Nicaragua, donde aseguró que pudo acceder al medicamento mediante el sistema de salud pública y permanecerá varias semanas para completar las dosis. Medios oficialistas presentaron el episodio como una prueba de la supuesta superioridad del sistema sanitario nicaragüense frente al costarricense, afirmando que el paciente encontró en Nicaragua “la atención que su propio país le negó”.
Las publicaciones atribuyen el problema exclusivamente a la burocracia y los errores administrativos de la CCSS, destacando que el medicamento estaba disponible en Nicaragua y que el paciente pudo iniciar el tratamiento inmediatamente. Sin embargo, la narrativa omite el contexto del sistema de salud nicaragüense, que durante los últimos años ha sido objeto de denuncias constantes por parte de pacientes, organizaciones médicas y organismos internacionales.
Una realidad distinta para los pacientes nicaragüenses
No obstante, esa imagen difundida por la propaganda oficial contrasta con la realidad que enfrentan diariamente miles de nicaragüenses dentro del propio sistema sanitario. Diversas investigaciones periodísticas, así como testimonios de médicos y pacientes, describen un sistema marcado por la escasez de especialistas, largas listas de espera para cirugías y consultas, y frecuentes faltantes de medicamentos e insumos básicos.
Una investigación realizada por CONNECTAS y Despacho 505 documentó que miles de pacientes esperan meses e incluso más de un año para acceder a cirugías, estudios especializados o consultas médicas. El reportaje atribuye buena parte de esa crisis a la insuficiencia de personal médico, un problema que se agravó tras la salida del país y el despido de numerosos especialistas en los últimos años y tras nuevas medidas restrictivas aplicadas tras un incidente de salud mental con una joven profesional en junio de este año.
El análisis señala que el crecimiento del número de médicos en el sistema público fue prácticamente nulo durante un quinquenio, mientras la demanda de servicios continuó aumentando. Como consecuencia, un mismo especialista debe atender largas listas de pacientes, retrasando procedimientos que en muchos casos deberían practicarse con urgencia.
A ello se suma el desabastecimiento recurrente de medicamentos. Aunque el régimen ha inaugurado varios hospitales durante los últimos años y los presenta como símbolo de modernización del sistema sanitario, médicos consultados por diversos medios independientes sostienen que muchas de esas instalaciones enfrentan problemas de personal, equipos y abastecimiento de fármacos. Pacientes entrevistados describen hospitales donde “sobran banderas y faltan medicinas”, obligándolos a comprar por su cuenta tratamientos que en principio deberían recibir gratuitamente.
Especialistas en salud pública también han advertido que la crisis responde, en parte, a la pérdida de personal altamente calificado. De acuerdo con médicos consultados por el diario La Prensa, algunas áreas quedaron prácticamente desmanteladas tras la salida de profesionales experimentados, muchos de ellos despedidos o llevados al exilio por razones políticas después de la crisis iniciada en 2018. En algunos hospitales otrora de referencia, afirmaron, más del 90% de determinados especialistas abandonó el sistema.
Ese contexto apenas aparece en la cobertura de los medios oficialistas sobre el caso de Dennis Vargas. En lugar de reconocer las dificultades estructurales que persisten dentro del sistema de salud nicaragüense, la propaganda gubernamental presenta un caso excepcional —originado por un problema puntual de abastecimiento y control de calidad en Costa Rica— como prueba de una supuesta superioridad del modelo sanitario administrado por el régimen Ortega-Murillo.
Mientras tanto, la propia CCSS mantiene gestiones internacionales para conseguir el medicamento Glucantime mediante compras de emergencia y cooperación con otros países, una situación distinta a las deficiencias estructurales que desde hace años denuncian pacientes y personal sanitario en Nicaragua.