El cuerpo de Anggy Daniela Díaz Rivera, la nicaragüense de 21 años que fue asesinada por su esposo, fue recibido por sus familiares en Nicaragua este martes 24 de enero, en horas del mediodía, luego de haber sido velado en el condado de Waller en Estados Unidos, lugar donde ocurrió el crimen.

Los familiares y amistades de la nicaragüense, radicados en Estados Unidos, se despidieron de la joven y le realizaron las honras fúnebres en La Paz Memorial en Houston a Magnolia´s First Baptist Church, para luego repatriar su cuerpo hacia Nicaragua.

La joven era originaria del municipio de El Viejo, del departamento de Chinandega, en donde será sepultada.

Anggy Díaz fue asesinada la tarde del 11 de enero de este año, por su esposo, Jared Dicus, de 21 años de edad, quien la decapitó y descuartizó, por lo que fue detenido y acusado de asesinato en primer grado y permanece en una cárcel del condado Waller, bajo una fianza de $500,000 dólares.

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Migró para ayudar a su madre con cáncer

Anggy Díaz migró a Estados Unidos siendo una menor de edad en el 2019. Se fue de Chinandega convencida de que allá en el Norte de América podría trabajar para obtener el dinero que serviría para que su madre de crianza pudiera vencer un cáncer de mama.

Su anhelo se vio truncado por Jared James Dicus, el hombre con el que se casó en ese país en octubre pasado. Él la decapitó y descuartizó en la casa donde ambos residían en el condado de Waller, Texas. “Nadie se merece esto, mucho menos ella, que era una niña inocente y dulce”, asegura Maribel Díaz, tía de la joven.

Emprendió la ruta hacia Estados Unidos junto con sus dos hermanos menores. En el camino cumplió los 18 años, mientras coyotes la guiaban por México.

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“Era una niña alegre, con sueños y metas. Deseaba estudiar en la universidad desde que estaba pequeña”, relata la mujer, cuya voz se quiebra a ratos. En Estados Unidos solía hacer mucho ejercicio físico, como lo demuestran sus fotografías.

Anggy creció con una de sus tías, porque su madre biológica emigró hacia Estados Unidos cuando ella apenas tenía cinco años. Consideraba a su tía María Libertad Díaz como su madre y fue por ella que emigró con la esperanza de poder ayudarle con el tratamiento contra el cáncer.

“Ella estudiaba Contaduría Pública en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León), pero en el 2019 decidió irse a Estados Unidos a trabajar para ayudarnos y regresar después de permanecer algunos años, pero ese hombre me le quitó la vida y aunque no la voy a recuperar, espero que la justicia de su país lo castigue tal y como debe ser», refirió su madre de crianza, María Libertad.

“Quería ir a Estados Unidos para ayudar a su mamá, a su mamá que la crió. Ese era su sueño y se decidió para poder alcanzarlo”, prosigue la otra tía, Maribel.

Cuando la joven llegó a Estados Unidos se hospedó en casa de otra de sus tías y empezó a buscar trabajo. Por mucho tiempo laboró en una carnicería del condado de Waller donde conoció a su pareja.

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“Estaba feliz, muy feliz con su esposo, pero había días que la notaba cansada y no sabía si era por su trabajo o por su relación”, dijo a medios locales Verónica Jiménez, jefa de Díaz.

Tenía varios trabajos y la familia en Estados Unidos conoció a su asesino. El hombre la atacó el pasado 11 de enero en la casa que compartían y las autoridades calificaron la escena como “horrorífica”. Posteriormente confesó haber decapitado a su esposa.

Juez que la casó en Estados Unidos lamenta su asesinato

Trey Duhon, el Juez que casó a la pareja en octubre pasado, publicó en su página de Facebook sus condolencias por el trágico crimen. “Cuando yo los casé se veían una pareja muy amable” expresó.

La familia que permanece en Nicaragua jamás conoció al hombre y saben muy poco de él, sin embargo, Maribel Díaz confió a DESPACHO 505 que la tía donde Anggy vivía antes de casarse le dijo que Jared James “se miraba buena persona”.

En la foto del matrimonio civil, dicen, se miraban felices, pero al final solo era una instantánea: Jared la carga y ambos sonríen. “No sé qué fue lo que pasó, a él nunca le vieron nada malo y mi sobrina nunca se quejó de maltrato o golpes. No sabemos qué sucedió, porque estaban solos. Los padres de él estaban cerca, pero no han dicho nada”, señala la familiar.

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