La situación ha cambiado en Nicaragua después de 2019, donde encontramos a una dictadura que ensaya todo género de argucias ideológicas para desorganizar a las diferentes expresiones de la oposición real, considera el sociólogo y analista político Oscar René Vargas.

“Cuando la realidad cambia hay que cambiar de táctica, Debemos cambiar de táctica para derrotar a la dictadura”, sugiere Vargas en su más reciente análisis sobre la coyuntura de la Nicaragua actual.

Considera que las cartas con las que juega la dictadura son las de desalentar a la oposición en todas sus fuerzas transformadoras y desfigurar sus propuestas democráticas.

“Su táctica es amilanar a la oposición con escepticismo y decepción, aprovechando el control de los medios de comunicación. El establecimiento de la alianza con el gran capital es la precondición para que la dictadura tenga la posibilidad de superar la crisis actual”, expone el ex catedrático exiliado en Costa Rica.

También se atreve a afirmar que desde el 2018, la oposición formal acierta a dar con la enfermedad, pero no atina a dar con el remedio.

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Por lo tanto, advierte que la estrategia de implementar la misma táctica errónea implica rigidez y sacrifica la inteligencia política.

“El análisis del contexto del 2022 nos indica que la oposición real sigue en una situación defensiva. Los miembros de la oposición que no tienen en cuenta la nueva correlación de fuerzas, son víctimas del autoengaño”, destaca Vargas.

Plantea que, desde mayo del 2021, cada vez que la crisis de la dictadura se incrementa, Ortega escala la represión hacia otro nivel más destructivo.

Represión desbordada

“Como la represión ya no alcanza para asegurar su permanencia indefinida en el poder, se incrementa la escala represiva para mantener a las clases dominantes en su lugar de privilegio. En rigor, ya no debemos hablar de represión, ni de crisis de la dictadura porque las mutaciones en curso desbordan dichos conceptos”, opina el ex catedrático universitario.

Ortega sigue buscando cómo paralizar y mermar aún más las organizaciones y a la dirigencia política de la sociedad civil haciendo uso de la represión desbocada, agrega.

En este sentido, la dictadura está colocada al límite de su sostenibilidad por la falta de legitimidad y por su mayor aislamiento internacional. El país anda mal, pero camina para peor. Por eso Ortega ataca con paramilitares, leyes represivas y juicios espurios creando un “estado policial”, tratando de recomponer la unidad de todas las tendencias internas bajo su estricto comando, razona el sociólogo exiliado en Costa Rica.

Arreglo con gran capital o implosión del régimen

“A grandes rasgos, la situación creada a partir del 2018 puede resolverse ya sea con la instalación de un nuevo arreglo de Ortega con los EEUU más el gran capital o que se produzca la implosión del régimen, lo cual amenazaría los intereses de la clase dominante en su conjunto”, expone Vargas.

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La opinión de Vargas coincide con la realidad de que a partir del 2019 se volvieron a consolidar las normas de ganancias, salarios bajos y el modelo mercantilista, rentista, extractivista que garantiza los privilegios del gran capital y de la nueva clase dominante en Nicaragua.

La dinámica del mercado interno afronta obstáculos de una economía de baja productividad, ineficiencia, burocratismo, ausencia de transparencia, corrupción, estructura bancaria dependiente del extranjero, bajísimo desarrollo del circuito crediticio interno y prácticas empresariales reñidas con los manuales del liberalismo económico, analiza Vargas.

“No es sencillo, pero hay que trabajar” contra la dictadura

Nicaragua cuenta con un PIB inferior a todos los países vecinos y la productividad de su mano de obra se ubica también en el último lugar de Centroamérica. El peso de las oligarquías (vieja y nueva) es tan dominante como la existencia de mafias en el aparato del estado, en un esquema identificado con el capitalismo de “amiguetes”.

El desarrollo de la acumulación del capitalismo de compadrazgo, a juicio del analista, está signado por la omnipresencia de clanes y sus consiguientes modalidades de dependencia personal al dictador Ortega.

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“El problema es que la oposición real no tiene estrategia para afrontar este período. No es sencillo, pero hay que trabajar en ello para evitar ser objeto de los poderosos. Tampoco se han construido saberes y modos de hacer resistencia en la actual sociedad militarizada, en la cual “los de arriba” le apuestan a la violencia para seguir dominando”, reflexiona el analista político.

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