Cada vez que Daniel Ortega ordena al Banco Central de Nicaragua (BCN) o al Ministerio de Hacienda hablar sobre la situación del desempleo en Nicaragua, los manda a jactarse ante la gente y a los organismos financieros internacionales, de ser un área en la que “macro económicamente están muy bien”, aunque la población, “micro económicamente se sienta muy mal”.

Para las autoridades económicas del régimen de Daniel Ortega, el desempleo no ha sido un problema, ni siquiera durante los tres años de recesión que experimentó Nicaragua entre 2018 e inicios del 2021, primero por la crisis sociopolítica generada tras la brutal represión social de la dictadura y luego por los efectos generados por la pandemia del Covid-19.

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A pesar de la debacle económica que representó el estallido social del 2018, el régimen de Ortega en 2019 dijo que el desempleo habría sido de 5.6% y luego para 2021 lo fijó en 4.5%, es decir casi sorprendentemente cercano a un estado ideal de pleno empleo, en base a lo que dice la literatura sobre teoría macroeconómica.

“Esta incongruencia de que un país pueda desarrollarse económicamente con menos población empleada y de crecer con más desocupados, desafía el sentido común, suscita escepticismo y tienta a pensar en una posible subestimación del número de gente desempleada a nivel nacional”, refiere un estudio del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam).

El estudio titulado: Incierto bienestar: Ciclo económico y calidad de vida en Nicaragua, 2018-2021, indica que el subempleo en los últimos cinco años ha absorbido en Nicaragua cerca de la mitad de la población ocupada, llegando al 47.5% en 2019, año de la caída más severa de la economía.

El fantasma del subempleo

“El subempleo es el salvavidas del trabajador nacional y, particularmente, del trabajador joven. El término ‘subempleo’ hace referencia a las fuentes de empleo por debajo del nivel de cualificación de la persona, de modo que el trabajador gana menos de lo que podría ganar en otras condiciones”, indica el estudio de la Cetcam.

Conocido también como infraempleo, el subempleo afecta tanto al empleo formal e informal, el cual se define por la reducción de ingresos laborales por insuficiencia de horas o por desempeñar un empleo inadecuado.

Es decir, que aquí está la trampa del régimen orteguista, puesto que las cifras reales, los datos serios revelan que “casi la mitad de la población ocupada tiene un empleo inadecuado, tanto es así que, en otros países, este subempleo se considera parte de las estadísticas del propio desempleo.

“En otras palabras, si a un jardinero lo contrataron al menos 1 día en un periodo de un mes para arreglar un jardín, o si una trabajadora del hogar limpió una o dos casas en un mes, esos datos el régimen de Ortega los incluye como factores que vienen a sumarse a las estadísticas sobre el empleo, y eso es absurdo, pues la realidad es que la gente lucha día a día para poder comer en Nicaragua”, explica el economista Francisco Romero.

Encuestas destacan al desempleo
como problemática de alta prioridad

En base a una encuesta de Cid Gallup del 2021 publicada en Confidencial, el 39% de los encuestados respondió que la principal preocupación de su familia es el desempleo; el 32% contestó que ‘la carestía de la vida’, y 68% respondió que probablemente migraría si tuviera la oportunidad.

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“Que cuatro de cada diez encuestados respondan que a su familia le preocupa el desempleo, tres de cada diez resientan la carestía de la vida, y siete de cada diez migrarían si pudieran, es inconcebible con las cifras macroeconómicas oficiales, que indican una situación cercana al pleno empleo”, destaca el estudio de la Cetcam.

El desempleo, se considera el talón de Aquiles de la economía nicaragüense. No solo por el
enorme desequilibrio entre la oferta y la demanda de puestos de trabajo, sino por la calidad del empleo.

El aparato productivo no logra transformarse cualitativamente y sigue generando muchos empleos de baja productividad, baja competitividad, baja cualificación, en definitiva, el desempleo no ha figurado nunca entre los asuntos que la dictadura piense seriamente en resolver, a pesar de que en las encuestas y en la vida real, siempre sea el problema de primer orden para los nicaragüenses.

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